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Marruecos

VIAJE RUMBO A TANTAN
El desierto te espera

Esta experiencia es, sin duda alguna, una expedición para los grandes fanáticos de la aventura en el desierto. Hemos preparado este viaje cuidando todos los detalles y mezclando todos los ingredientes necesarios para una visita a Marruecos que nunca olvidarás.

Durante dos semanas, iremos rumbo al sur, hasta el Sahara Occidental, donde el desierto acaba junto al mar. Durante el recorrido, la expedición pasará por las ciudades de Fes, Imilchil, Gargantas del Todra, Erfoud, Dunas de Merzpuga, Zagora, Forum Zguid, Tata, Ifni, playas desérticas de Tantan y visita a su importante puerto de pesca, con sus mercados siempre tan coloridos. Esta excursión se puede realizar en grupo, acompañados de un vehículo con guía; o individualmente, en cuyo caso te acompañará un guía en el mismo vehículo. Si prefieres prolongar esta aventura o añadirle otras sensaciones ¡consúltanos!

Marruecos Con vehículo alquilado 16 días (ett1001)

Importante:
Esta experiencia incluye: alquiler de jeep (mínimo 4 personas), vehículo de apoyo con guías castellano y marroquí, estancia en hoteles de 4 estrellas, albergue y tiendas en las dunas en régimen de media pensión y seguro multiviajes. Los viajes no están incluidos.

MARRUECOS

Casablanca
es el típico ejemplo de ciudad de paso. Capital económica y financiera, y primer puerto del país, no se diferencia mucho de cualquier otra ciudad del sur del Mediterráneo, incluso encontrar mujeres con velo resulta complicado. A pesar de su aura cinematográfica, aquí se rodó la mítica película de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, no merece dedicarle más de una tarde, y si esta es larga costara llenarla.
Plaza Mohamed V. Alrededor de esta plaza varios edificios combinación de estilo colonial y diseño morisco, rompen la monotonía de la fría Casablanca. Entre ellos están el Tribunal Constitucional, el Consulado Francés, y la Prefectura, adornada con una torre de reloj. Un buen lugar para observar a la gente y sacar algunas fotos interesantes, antes de a través del boulevard Rachidi arribar a la próxima Catedral Sacre Coeur, actualmente usada como sala de arte y exposiciones. Desde aquí, siguiendo el Bd Moulay Youssef, una larga rambla abarrotada de palmeras, llegaremos a la Mezquita Hassan II.


La mezquita de Hassan II. Construida entre 1980 y 1993, este enorme templo con capacidad para 25.000 fieles en el interior y 80.000 más en el patio, costo la friolera de 750 millones de dólares en un país donde el 20% de la población vive por debajo del límite de la pobreza. Cuenta con el minarete más alto del mundo, 200 metros, desde el que por la noche se proyecta un láser que señala el camino a la Meca. En el interior, 76 pilares sostienen un gigantesco techo en madera de cedro pintado, que puede abrirse, dejando que el cielo se refleje en el agua del estanque del patio. Para hacerse una idea de sus dimensiones, decir que la Basílica de San Pedro cabría entera en su interior. El orgullo de toda la nación. A pesar de la prohibición de acceso a los no musulmanes a recintos religiosos, la mezquita abre a todos los públicos en visitas guiadas a las 9, 10, 11 y 14 horas por solo 100 dirhams. Una visita sin duda ineludible.


Antigua Medina. Construida encima del puerto, y carente de encanto si la comparamos con cualquier otra del país. Aunque es un buen lugar para puestos de comida callejera, o ropa y artículos de saldo. Destacar el mercado junto a Bab Marrakech, y las mezquitas Ould el Hamra y la de Dar El Makhzen.

Solo nos queda la Plaza des Nations Unies echar un vistazo a la Torre del Reloj y acercarnos al Hotel Hyatt para ver el Rick’s Bar, donde se rodó "Casablanca" de Humphrey Bogart. Os diré que ha perdido todo su encanto y que además no es en blanco y negro. Abierto a partir de las 22:00.

Hotel Plaza. 18 bd Felix Houphouet Boigny. En el centro, cerca de la Antigua Medina y a un paso de la estación de tren Gare du Port. Habitaciones amplias, TV, baño y ducha. Desayuno incluido, un excelente buffet libre para llenar el estómago a primera hora. Petit taxi desde Voyageurs al hotel 10 dirhams.

Aeropuerto. El aeropuerto Mohamed V (CMN) se encuentra a 35 km del centro. Hay estación de tren en el propio aeropuerto. Tren cada hora a Gare du Port, con cambio de trenes en Gare des Voyageurs, 30 dirhams, 70 minutos. Petit Taxi, 200 dirhams.

Marrakech
es probablemente la más importante de las tres ciudades imperiales.
La plaza Djemaa el Fna, que parecía un vulgar descampado, a media tarde se va llenando de gente que parlotea, puestos de comida, herbolarios, curanderos... Un hervidero de gente difícil de encontrar en otras ciudades marroquíes. Otra parte esencial de la ciudad es la medina, sus calles, demasiado estrechas para permitir el paso de vehículos, hacen las delicias de los cientos de turistas que compran en sus tiendas todo tipo de artesanía, objetos de metal, cesterías, marquetería, cuero o especias. Hay además múltiples jardines donde evadirse y museos que visitar. Un buen lugar donde pasar dos o tres días. Su punto flaco, los miles de turistas que hay por todas partes, aunque creo que no ha perdido por ello su atractivo.
Pza. Djemaa el Fna. Es el centro de la vida diaria. No hay un lugar igual en todo Marruecos. Durante el día parece un parking con algunos encantadores de serpientes, músicos, o vendedores de agua, vestidos a la manera tradicional, buscando un turista a quien sacarle unos dirhams por una foto. Pero a media tarde la plaza vuelve a la vida, con decenas de puestos vendiendo todo tipo de comida a buen precio, tiendas con hierbas medicinales, exhibiciones de forzudos, bailarinas, contadores de historias, acróbatas, monos amaestrados, músicos callejeros que tocan todo tipo de instrumentos... De visita obligada todas las noches.
Koutoubia. Esta mezquita junto a Djemaa el Fna fue construida en 1147, y derruida y reconstruida de nuevo en 1199 para alinearla correctamente con la Meca. Destaca su enorme minarete de 69 metros de altura, el mas antiguo de las tres grandes torres almogávares (las otras dos son la torre de Hassan en Rabat y la Giralda en Sevilla). Aunque la mezquita esta cerrada a los no musulmanes, los alrededores son un lugar ideal para pasear.
Museo Dar Si Said. Este museo ubicado en el palacio de Riad Ezzitoun El Jadid, muestra la cultura, arte y habilidades beréberes, incluyendo muebles de madera, y objetos de la vida cotidiana en el Sahara. En el patio hay una fantástica colección de contraventanas y puertas talladas en madera.
Tumbas Sadies. Esta necrópolis fue construida a finales del siglo XVI por Ahmed el Mansour, como lugar de eterno reposo para él y sus sucesores. En un bonito jardín interior lleno de arbustos y palmeras, que parece más un parque para pasear que un cementerio, hay 66 tumbas adornadas con coloridos mosaicos. El mausoleo central esta bellamente decorado con paneles de cedro y columnas de mármol gris italiano.
Palais Badii. Dicen que fue uno de los palacios más hermosos del mundo, pero ahora es solo ruinas, ya que los materiales fueron utilizados para construir el palacio de Moulay Ismail en Meknes. Solo los muros han sobrevivido, en su interior el patio esta dividido por canales de agua que conectan diversas piscinas, ahora convertidas en huertas de naranjos, la mayor de las cuales incluso tiene una isla. Aun puede visitarse el laberinto de celdas y pasillos subterráneos, o las azoteas atestadas de cigüeñas, que ofrecen bonitas vistas de la ciudad. Se ofrecen guías en la entrada, pero no son necesarios.
Meknes
es una de las cuatro ciudades imperiales, y su nombre y fama están ligadas al Sultán Moulay Ismail, asesino y déspota como pocos. Utilizó a 25000 esclavos para construir los terraplenes masivos de la ciudad, y las puertas monumentales de entrada, así como los establos para sus 12000 caballos. La ciudad vieja esta ocupada casi en su totalidad por el palacio. La ciudad nueva, a 2.5 km de la vieja, alberga los mejores hoteles y restaurantes, así como la estación de tren.
Meknes es la base ideal para desplazarse a Moulay Idriss, y el asentamiento romano de Volubilis a 40 km de distancia. Los autobuses o taxis salen desde la ciudad vieja.
Bab Mansour El Aleuj. Finalizada en 1732 por el hijo de Moulay Ismail, es la más importante puerta de Meknes. Se dice que fue el trabajo de un cristiano convertido al Islam, de may que se le conozca como la puerta del renegado.
El mercado de la Medina, ciudad vieja. Situado junto a la Pza. El-Hedim, es un pequeño mercado en comparación con los de Marrakech o Fes. El mercado cubierto, hermoso y animado, puede recorrerse en poco más de una hora. Encontraras variedades de especias y aceitunas, joyería, artículos de piel, alfombras, pájaros de colores; y si aguantas el olor hay un callejón con animales de corral vivos, gallinas y ovejas.

Madrasa Bou Inania. Universidad de teología y ley musulmanas, decorada con cedro y mosaicos.

Mausoleo de Moulay Ismail. Hache se encuentran las tumbas de Moulay Ismail y sus dos hijos, junto al péndulo regalo de Luis XIV. Moulay Ismaïl recibió este regalo cuando el rey francés rechazó concederle la mano de su hija. Aunque en las guías dicen que los no musulmanes pueden acceder, a mi me dijeron lo contrario en la puerta.
Hay buenas conexiones de autobús, taxi y tren. En la ciudad nueva esta la estación de tren de Meknes Al Amir y una de autobuses. Otra estación de autobuses y la de taxis se encuentran junto a la medina.
Fes,
fundada en el siglo VIII, es la primera de las ciudades imperiales, y la capital religiosa e intelectual del país. Es una ciudad activa y sorprendente, donde siempre hay algo nuevo que descubrir. Deambular por el laberinto de calles y callejuelas de su medina puede parecer complicado al principio, pero dentro del aparente caos todo esta debidamente ordenado. La medina se organiza por zoco (latoneros, henna, alfareros, curtidores, los famosos tintoreros) salpicados de vendedores de usos cotidianos (vendedores de algodón, seda, babuchas, frutos secos), casas de te... Y a cada paso museos, mezquitas, medersas (escuelas coránicas), fuentes... Un lugar único para empaparse de cultura musulmana y admirar la belleza de la arquitectura islámica. Fes fue la ciudad más interesante de las que visité en Marruecos.
Bab Boujeloud. Esta monumental puerta de 1913, aunque decorada con azulejos de estilo tradicional, proporciona acceso al laberinto de calles angostas de la medina, un área de mercado colorida y bulliciosa con cafés abiertos hasta muy entrada la noche. Plaza Nejarin. Situada junto al zoco de carpinteros, alberga un fonduk del siglo XVII, el Museo de Artesanía y una fuente admirablemente decorada.
Museo Dar Batha. Ubicado en un palacio hispano-morisco del siglo XIX alberga elegantes trabajos en madera, hierro o yeso, así como bordados, alfombras, joyería, monedas, y su atractivo principal, la sala de cerámica. De visita obligada, aunque solo sea para disfrutar de su patio y jardines.
Las medersas son escuelas coránicas construidas habitualmente cerca de una mezquita, donde se pretendía aislar a los estudiantes para ayudarles con sus estudios religiosos. Giran en torno a un patio central, profusamente decorado con mosaicos y estuco. A destacar la Medersa Bou Inania, el único edificio religioso abierto a los no musulmanes; y la Medersa Attarin, cerca de la Mezquita Kairouyine, con una impresionante puerta labrada en bronce, desde donde se accede a un patio cuadrado finamente decorado, replica en miniatura del Palacio Nasrid de la Alhambra de Sevilla.
Mellah. En Fez, estuvieron varías dinastías de judíos, los Danan, los sefardíes o los Abensour, y crearon un importante centro para la interpretación del Talmud. Estuvieron instalados en un gran barrio de la ciudad construido a mediados del siglo XIV llamado "el mellah", (sal en árabe), dejando un enorme patrimonio del que hoy apenas queda nada. Hay un desorganizado zoco donde se venden ropas, artículos para el hogar, música y productos baratos de mala calidad. A pesar de todo merece la pena darse una vuelta para disfrutar de sus altos edificios, alejados del estilo árabe que reina en la medina.
Cerca de allí están las curtidurías, visibles desde algunos tejados, donde se aprecian pieles dejadas secar al sol, asistimos a uno de los trabajos más duros de Marruecos. Su fuerte olor a pieles de animales, orina de vaca (mezclado con el tinte para su conservación) y sudor humano, hacen de la visita una experiencia inigualable. Cisternas de un metro cuadrado, adosadas unas a las otras, albergan hombres que se bañan hasta medio cuerpo para poder empapar y dar la vuelta a las pesadas pieles.

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13.10.2008. 00:00

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