Kuai Viajes
Hawai
HAWAI
Escrito por: Charles E. Roessler el 08 de Agosto de 2007 | 4:54 pm
Etiquetas: Estados Unidos de América
El corazón de Hawai
El sendero de la zanja Poomau corre por la ladera, por lo que lo recorrimos con cuidado, mirando al suelo para no dar un paso en falso y caer cientos de metros a la eternidad. Nudosos árboles ohia lehua bordean el camino del lado más alejado del precipicio y raspantes arbustos de zarzamora (que no son nativos de Hawai, aunque han prosperado en Kauai como muchas otras importaciones invasoras) alargan sus espinosas guías. Todo era verdor a nuestro alrededor: montañas, cañones, bóveda arbórea.
Nos encontrábamos en el bosque Kokee, un lugar de espectaculares despeñaderos montañosos, fértiles valles, traicioneros senderos ocultos y muy poca gente. Hace décadas que vivo en Kauai, pero el reclamo de las aves de este denso bosque tropical fue una novedad para mí. Al imitarlos, a veces obtenía una sonora respuesta y de vez en cuando escuchamos el agua de los arroyos. Otras veces, nada más que silencio. El sendero retrocedía en tres ocasiones, hacia oscuros cañones y el candente sol, para luego emerger en la punta de tierra que parecía flotar en el aire sobre el cañón Poomau. Frente a nosotros se extendía una vista majestuosa: valles que confluían y una cascada con dos estanques nutridos por un pantano en uno de los lugares más húmedos del planeta: el monte Waialeale, con una precipitación promedio anual de 1,168 centímetros. rabijuncos de pico amarillo con largas colas blancas remontaban las alturas y nosotros los observábamos desde arriba.
Kokee (se pronuncia: ko-kei) es un Kauai que pocos turistas podrían imaginar: 40 o 50 kilómetros de playas de blanca arena que atraen 1,200 mil visitantes cada año, su aspecto salvaje y etéreo que oculta en su interior una refrescante maleza plagada de capullos, conserva el eco del antiguo palpitar de las islas hawaianas. Gran parte de Kokee (nombre genérico de la región que incluye los parques nacionales Kokee y Waimea) se encuentra dentro de la zona sin tránsito vehicular de Kauai, el montañoso cuadrante noroeste de la isla donde hay contados caminos y ninguna autopista costera. De hecho, los propios residentes de Kauai pocas veces se adentran en la región, de modo que cuando alguien vuelve de un paseo de varios días y describe el viaje, la típica respuesta de los vecinos consiste en murmullos de admiración y respeto.
Además de exótica belleza y lejanía, Kokee también posee una atmósfera de misterio. Los habitantes de Kauai le consideran el centro espiritual de la isla, adonde los nativos tradicionalmente iban a renovarse y donde aún sobreviven amenazadas aves y plantas indígenas. Jack London, quien utilizó Kokee como ambientación de ‘‘Koolau el leproso’’, siniestra alegoría de la invasión capitalista de Polinesia, describió el lugar con mágicas imágenes que todavía tienen vigor: un paraíso terrenal con ‘‘abismos entre desordenadas cumbres’’ y ‘‘fantásticos cortinajes de vegetación tropical’’. Thomas Kaiakapu, administrador de la vida silvestre en la división de bosques y vida silvestre de Hawai, describió su importancia en los siguientes términos: ‘‘Todas las islas tienen un lugar especial donde se reúnen los lugareños para cosechar, cazar cerdos y bailar hula. Kokee es adonde van los kauaianos’’.
Cualquiera que esté dispuesto a enfrentar los peligrosos senderos y dormir en rústicas cabañas o resistentes tiendas de lona puede conocer el alma de Kokee. Durante un viaje que realicé el invierno pasado con mi esposa, Chie, otra pareja de residentes de Kauai y un visitante alemán, nos dimos a la tarea de recorrer todos los senderos posibles durante cinco días mientras nos hospedábamos en una de las 10 austeras cabañas del Parque Estatal Kokee. Caminamos entre catedrales de magníficos árboles de koa, cuya madera es muy codiciada por los fabricantes de muebles e instrumentos musicales. Estudiamos extraños musgos, enormes hongos, coloridas lantanas y frágiles helechos, experimentamos los sonidos de raras aves y los aromas de flores exóticas y la fragante tierra. Admiramos espectaculares vistas del mar y los cañones, y encontramos paz en un lugar que es a la vez agotador y profundamente refrescante.
Tuvimos suerte; el clima fue benigno. En cualquier época del año puede llover durante días en Kokee, de manera que cualquiera que realmente tenga interés en conocer la zona haría bien en llevar consigo algún entretenimiento. Sin embargo, la verdadera magia se encuentra en el ciclo de 24 horas de Kokee, desde que sale el sol para calentar el frío aire matinal hasta el ocaso sobre la isla prohibida de Niihau, adonde sólo pueden ir los descendientes de los hawaianos originales. Explorábamos durante el día, buscábamos calor frente a la chimenea por la noche y dormíamos profundamente en el gélido aire de la montaña, donde la temperatura puede caer por debajo de los cero grados centígrados en los meses de invierno.
Kauai es como una alcachofa: hay que descubrirla capa por capa. Casi todos los turistas que pasan algunos días en la isla tratan de ir directamente a la capa más interna, la costa y los resorts de Kauai; optan por los muy concurridos miradores de Kalalau y el cañón Waimea (ambos accesibles en auto por el Camino Kokee). Hay autobuses turísticos que llevan a los dos primeros miradores del cañón Waimea y, si hay buen clima (es decir, cuando no interfieren la lluvia y las nubes), la vista desde ambos es imponente, con un aire perfectamente limpio y fresco.
La siguiente capa es para los aventureros que recorren a pie el extremo noroeste del camino costero que corre junto a un antiguo sendero hawaiano en la montaña y conduce al valle de Kalalau, el cual atraviesa un arroyo cuyas aguas se unen al mar desde la aislada playa del mismo nombre. Imágenes de este recorrido de 17 kilómetros suelen adornar numerosas publicaciones dirigidas a excursionistas. El sinuoso sendero pasa junto a los cañones siguiendo una ruta en zigzag que cruza los acantilados costeros.
Queríamos internarnos más en las 2,500 hectáreas de los parques Kokee y Waimea, con sus impresionantes cascadas, enormes cañones, primitivo bosque y singular pantano Alakai de gran altura. Nuestra cabaña estaba cerca de lo que hace las veces del centro de la ciudad en Kokee: un mágico prado, un lindo museo, pequeño restaurante (sólo sirven desayuno y almuerzo) y dos teléfonos públicos que permiten el único contacto con el mundo exterior desde este cementerio para la telefonía celular. Despertamos al cloquear de las gallinas, elemento básico de la vida silvestre de Kauai. Caminábamos durante el día y volvíamos a la cabaña por la noche.
Un sendero inolvidable nos condujo al Pantano Alakai, enorme área cenagosa y verde con plantas enanas y aves en peligro de extinción en la sombra a sotavento del monte Waialeale. Con anterioridad, los excursionistas a veces quedaban cubiertos de barro hasta la cintura mientras se abrían paso hacia la magnífica vista del valle Wainiha y la bahía Hanalei, al otro lado de la isla y a 120 kilómetros por la carretera. Hoy día, un sendero de tablones facilita el paso.
Las mujeres de nuestro grupo, Loutoa Zoller y Chie, han practicado el hula y sentían un atractivo especial por el exuberante bosque donde se dice que vive Laka, la diosa hawaiana del hula. El hula para turistas o hula auana, de sonrientes bailarinas y sugerentes movimientos, dista mucho del hula hahiko tradicional, que es un rito sagrado. Jo Manea, bailarina de hula desde hace más de 20 años y ahora dedicada a la enseñanza, nos dijo que Kokee está ‘‘lleno de Laka’’. ‘‘Allí van personas de todas las islas para recoger las siete plantas sagradas del hula hahiko –explicó–. Adornamos a Laka y a nosotras mismas con esas plantas, para rendirle tributo’’. Percibimos la presencia de Laka en los enormes árboles de koa, hoy protegidos por la ley; en los suaves y rojos capullos de ohia lehua; y la escuchamos en los arroyos cantarines. Aspiramos su fragancia en las parras de maile y en las bayas de mohicana.
Como la más antigua de las islas principales, Kauai ha sufrido la erosión del viento y la lluvia, los cuales han dado origen a microclimas únicos que albergan gran variedad de flora y fauna indígena. Por ejemplo, Kokee es hogar de aves que subsisten gracias a que los mosquitos que transmiten la malaria aviar, y otras enfermedades, no resisten las frías alturas. Este ambiente y docenas de especies de aves nativas se encuentran amenazados por animales que rumian, pisotean y se revuelcan en la vegetación.
Muy pocas veces, en nuestro recorrido por los senderos de Kokee, encontramos a otras personas en el bosque. Durante nuestra excursión más arriesgada por las entrañas del bosque, caminamos junto a una senda montañosa que parecía salida de un cuento de hadas. Recogimos y comimos lilikoi (fruta de la pasión), guayabas y otros frutos silvestres y, de pronto, nos vimos rodeados por una horda de amigables perros. Detrás de ellos venía Jim Cassel, cazador local que se encontraba en busca de cerdos salvajes: cruza de los cerdos que los polinesios introdujeron hace siglos y el jabalí europeo.
Los forasteros abrigan muchas ideas equivocadas acerca de Hawai. Una de ellas es el maravilloso ambiente que permite que todo prospere y crezca en ese lugar. Y ése es justo el problema: ‘‘todo’’. Insectos, roedores, plantas invasoras, mohos y hongos han destruido muchas de las plantas y aves indígenas. Las cabras salvajes que el capitán James Vancouver introdujo en Kauai en 1792, han causado la extinción de muchas plantas. Lo mismo sucede con el ciervo de cola negra, importado de Oregon en 1961. Por su parte, el cerdo no sólo escarba y arranca, lo cual deja al suelo virgen expuesto a especies invasoras, sino que además disemina semillas de plantas indeseables en su camino. Esa parte del ‘‘todo’’ es la que debe controlarse para que las especies nativas puedan sobrevivir y los cazadores están más que dispuestos a colaborar, pues la persecución de cerdos es divertida y su carne bastante sabrosa.
Kokee está inmersa en una toma y daca sobre el futuro de los parques estatales. La población local se opuso a la propuesta de construir un hotel de 40 a 60 habitaciones con helipuerto, más espacios para estacionamiento vehicular y caminos más amplios para permitir el paso de grandes autobuses. Por ahora continúan las propuestas y audiencias públicas. Aunque el futuro es incierto y no obstante el daño causado por plantas y animales importados, gran parte de Kokee permanece intacta y a veces podría considerarse peligrosa. Los excursionistas jamás deben apartarse de los senderos; algunos de los más experimentados han resbalado, se han extraviado o caído en un agujero bajo una cama de helechos, perdiéndose para siempre. Nosotros somos veteranos de Kokee y no obstante, teníamos que consultar el mapa y los pronósticos climáticos. Pero la experiencia fue mágica. Kokee es el lugar idóneo para embriagarse con la vida en algunas de sus formas naturales más ricas y con el oxígeno de un aire impoluto en el centro del océano Pacífico. Éste es el reino de Laka.
Recorridos y vistas: viajar en auto es sólo el comienzo
Puede llegar en auto a Kokee desde la costa occidental de Kauai, siguiendo el trayecto de Kokee Road o el empinado Waimea Canyon Road. Puede llegar al centro de la ciudad (‘‘Downtown’’), la zona principal para visitantes del Parque Estatal Kokee, siguiendo la desviación de la Milla 15 de Kokee Road. Puede obtener información sobre senderos y reglamentos del parque en Lodge at Kokee, pequeña tienda de regalos y restaurante (abierto todos los días para el desayuno y el almuerzo) o al lado, en el rústico Museo de Historia Natural de Kokee , abierto todos los días de 10 a.m. a 4 p.m. El museo es un excelente medio para darse una idea de la zona. Aunque pequeño, presenta varias exhibiciones científicas y naturales, como un mapa tridimensional de Kauai, además de una biblioteca bien surtida.
Para alquilar cabañas (se recomienda hacer reservaciones con anticipación), póngase en contacto con Lodge at Kokee (808-335-6061). En los parques estatales Kokee y Waimea también encontrará cuatro sitios de campamento, ideales para mochileros que quieran levantar sus tiendas en el bosque.
La mejor manera de acceder a muchos senderos es caminando más de un día o en un vehículo 4X4. Los visitantes que no tengan sus camionetas o SUV tendrán que ceñirse a los limitantes reglamentos de las compañías de arrendamiento, que impiden circular fuera del camino.
(Fuente: Way to Go, The New York Times)
14.10.2008. 00:00
Aun sin comentarios.

Escribe un comentario
* = campo requerido