Kuai Viajes
Bélgica
BRUSELAS 36 HORAS
Escrito por: Dan Bilefsky el 13 de Agosto de 2007 | 11:29 am
Etiquetas: Bélgica
36 horas en Bruselas
A los esnobs se les puede perdonar que pasen por alto Bruselas, capital europea cuyo icónico monumento es una fuente del siglo XVII con la estatua de bronce de un niño orinando. Sin embargo, los viajeros que ignoren Bruselas, hogar de la Unión Europea, las patatas fritas doblemente fritas y del pintor surrealista René Magritte, corren el riesgo de perderse de mucho. Para empezar, la comida, una verdadera galaxia de estrellas Michelin. Luego la cerveza: más de 600 variedades que incluyen cervezas amargas fabricadas por monjes. Si sumamos a esto un floreciente ámbito de diseño, la propia ciudad (antes descartada como provinciana y sin sentido del humor) al fin comienza a hacer olas culturales. Acompañe a las multitudes que se paran frente al Manneken-Pis, la famosa estatua, y tendrá una idea muy aproximada de lo que digo. Los lugareños se divierten al vestir al niño como Elvis y, a veces, hasta le cubren con un condón gigante.
Viernes
5 p.m.
1) Cervezas en La Grand’ Place
Se dice que, desde hace siglos, los turistas se han desmayado ante la impresionante belleza de Florencia. Pues bien, esto no le ocurrirá en Bruselas. La ciudad no tiene una Galería Uffizi ni el ‘‘David’’ de Miguel Ángel. Sin embargo, cuenta con un Grand’ Place, una plaza realmente hermosa en el centro de la ciudad. Desafíe las hordas de turistas (y las abigarradas tiendas de encaje, así como los costosos restaurante de mariscos de la zona) y beba una cerveza trapense en Le Roy d’Espagne (Grand’Place 1; 32-2-513-0807), atmosférico bar en una de las más majestuosas casas comunitarias de la Grand’ Place. Encontrará botas para vino que cuelgan del techo y ajetreados camareros con delantales blancos y largos a juego con sus caras largas. Siéntese en la terraza al aire libre para contemplar anonadado la plaza de estilo barroco.
8 p.m.
2) Estofado de conejo
Bruselas es el paraíso para los amantes de la comida, y tendrá dificultades para encontrar un mal platillo. Una de las brasseries tradicionales, que sobresale entre el centenar de establecimientos de comida belga, es Les Brassins (36 Rue Keyenveld; 32-2-512-6999), ameno lugar que ofrece 50 tipos de cerveza y clásicos belgas como lapin a la Kriek (estofado de conejo con sabor a cerveza) y stoemp (cocido invernal de patatas, zanahorias, salsa de cebolla y salchichas) por un precio muy económico. El restaurante se encuentra al final de una calle secundaria de Ixelles, vecindario popular entre los expatriados. Después de cenar, recorra la calle y busque la placa que marca el lugar de nacimiento de Audrey Hepburn.
Medianoche
3) Bares y jazz
En una ciudad plagada de atractivos bares, el padre de todos es, sin duda, L’Archiduc (6 Rue Antoine Dansaert; 32-2-512-0652), en el centro de la ciudad y cerca de la casa de bolsa. Pulse el timbre, cruce la puerta giratoria que parece una burbuja de acero y maravíllese con la habitación art decó, de alto techo y sinuoso bar. Se dice que los nazis frecuentaron el bar durante la ocupación alemana; hoy día, la clientela consiste principalmente de bohemios que se dan aires de intelectuales y gente que trabaja para los medios. L’Archiduc es muy popular entre los amantes del jazz (Miles Davis tocó allí en una ocasión), y en fines de semana puede haber sesiones de improvisación. Advertencia: los camareros son de lo más indiferentes, de modo que el servicio es casi inexistente.
Sábado
10 a.m.
4) Un descanso Nouveau
Si el modernismo institucional de las enormes oficinas de la Unión Europea le dejan frío, busque refugio en el art nouveau que abunda en la ciudad: florido estilo arquitectónico que se popularizó a principios del siglo XX. Uno de los primeros proponentes del género, y padre del art nouveau belga, fue Victor Horta, por lo que conviene visitar su hogar y estudio, los cuales han sido transformados en el Musée Horta (25 Rue Americaine, St.-Giles; 32-2-543-0490; horario de visita de 2 a 5:30 p.m., aunque puede hacer reservaciones por correo electrónico con una semana de anticipación). El exterior es típicamente belga: sobrio; pero en el interior encontrará infinidad de detalles impresionantes como una majestuosa escalinata de mármol y hierro forjado que se eleva en una curva hacia las expresivas formas de una pintura abstracta. Luz natural entra a raudales desde una bóveda de vidrio coloreado reflejándose en espejos florales, lámparas Tiffany, suelos de mosaico y la balaustrada tallada. El efecto es etéreo, hasta que los turistas le obligan a volver a la Tierra.
Mediodía
5) ¿Alguien quiere moules frites?
A la hora del almuerzo diríjase al octogenario Aux Arme de Bruxelles (13 Rue des Bouchers; 32-2-511-5550), cerca de Grand’ Place, donde sirven los mejillones más frescos del país, acompañados de patatas fritas y mayonesa. El verdadero bruxellois come el primer mejillón con los dedos y utiliza la concha vacía para comer los demás. No se olvide de recoger la sopa de mejillones con un trozo de pan. Si quiere alejarse de los turistas, los aficionados a las moules frites van solamente a Au Vieux Bruxelles (35 Rue St.-Boniface; 32-2-503-3111), en el corazón del animado barrio Congolese, donde sirven deliciosos mejillones preparados con cerveza, curry y queso azul.
2 p.m.
6) Compras al estilo belga
Los buscadores de gangas de toda Europa se dan cita en Place du Jeude Balle para visitar el mercado de pulgas de la sección más antigua de Bruselas, Marolles, cuyo origen en la clase trabajadora rápidamente empieza a aburguesarse. El mercado ofrece de todo, desde máscaras africanas y sillas de director de cine estilo retro hasta reproducciones de antiguos maestros belgas como Bruegel. Las calles aledañas (Rue Blaes y Rue Haute) están salpimentadas con una mezcla de tiendas de muebles antiguos, galerías y cafés. Si busca un ambiente más froufrou, camine cinco minutos al norte hasta Sablon, elegante barrio adonde van las abuelitas burguesas a pasear perritos vestidos como ellas. La joya del distrito es Place du Petit Sablon, pequeño y pintoresco parque enmarcado por una imponente iglesia gótica, barandales de Paul Hankar (maestro del art nouveau) y estatuas de belgas famosos de quienes nadie ha oído hablar.
6 p.m.
7) Dulce reposo
Recupere energías en Pierre Marcolini (1 Rue de Minimes; 32-2-514-1206), uno de los mejores lugares para comprar chocolates en una ciudad que toma muy en serio el cacao.
9 p.m.
8) Cocina real
Algunos restaurantes de Bruselas le dejarán muy satisfecho, casi extasiado. Museum Brasserie (3 Place Royale; 32-2-508-3590), nuevo establecimiento del chef flamenco Peter Goossens, es uno de ellos. Su otro negocio, Hof van Cleve, tiene tres estrellas Michelin. Establecido en un edificio de Victor Horta que forma parte de los Museos Reales de Bellas Artes, el interior minimalista (marco perfecto para sus enormes candiles negros) atrae a elegantes y bohemios por igual. La cocina se especializa en platillos tradicionales belgas con un toque moderno, como angulas en salsa verde, riñones de ternera con mostaza de Ghent y gallito al espetón, todo acompañado con patatas fritas a la perfección (el señor Goossens inició su carrera culinaria vendiendo estas frituras). La bodega, encerrada en un lustroso recinto de vidrio, ofrece una combinación de variedades francesas y del Nuevo Mundo, como el delicioso chardonnay flamenco con un regusto de algas. Como postre, ordene los buñuelos de Lieja, una población belga, los cuales se las ingenian para resultar barrocos sin empalagar.
Medianoche
9) Burdel bohemio
Si quiere pasarla bien, no deje de ir a Goupil le Fol (22 Rue de la Violette; 32-2-511-1396), excéntrico bar de tres pisos montado en un antiguo burdel que parece una especie de fumadero de opio con ambientación de película porno de los años setenta. Las paredes están cubiertas de desnudos al óleo y vulgares paisajes, así como con discos LP de vinilo. Déjese caer en uno de los mullidos sillones, ordene uno de los vinos frutales favoritos del propietario y relájese hasta casi el amanecer mientras escucha la voz de Edith Piaf en el tocadiscos tragamonedas. Aquéllos con instintos menos bohemios deben quedarse en la planta baja, ya que la clientela se vuelve cada vez más risqué en los pisos superiores.
Domingo
11 a.m.
10) Desayuno familiar
Sin duda encontrará esta cadena de panaderías en Manhattan o París, pero el Le Pain Quotidien original se encuentra en Bruselas, y es uno de los mejores lugares para desayunar algo tarde en una ciudad que no tiene la costumbre del brunch. La sucursal principal se encuentra en Grand Sablon (11 Rue des Sablons; 32-2-513-5154), con enormes mesas de pino repletas de jaleas, chocolates y pan. La espera es bastante molesta, pero el pan rústico sale caliente del horno, el café viene servido en grandes tazones y las martines de queso siempre están frescas. Además, en los pocos días de sol de Bruselas, el techo replegable le permite contemplar una rebanada de cielo.
1 p.m.
11) Día de campo en el Château
Si busca una fuga pastoril, recorra los jardines del Château de la Hulpe (111 Chaussée de Bruxelles; 32-2-653-6404), encantador castillo de estilo francés, construido en 1842, que domina la vista de 227 hectáreas de bosques y lagos en los límites del Foret de Soignes de Bruselas. El edificio pocas veces está abierto al público, pero los jardines, adornados con rododendros y azaleas, bien ameritan un viaje en tren de 25 minutos. Y la estancia del castillo principal es la sede de Foundation Folon (6A Drève de la Ramée, La Hulpe; 32-2-653-3456), que muestra la obra del prolífico artista belga Jean-Michel Folon .
Información turística
La mejor manera de llegar al centro de Bruselas es en el Brussels Airport Express hasta la Estación Central, recorrido de 30 minutos. Hay salidas cada 15 minutos.
Los hoteles de Bruselas son costosos debido a la constante presencia de diplomáticos vestidos de Armani. Uno de los más baratos es el Baroque Hotel Mozart (23 Rue du Marche aux Fromages; 32-2-502-6661), que ofrece 50 cómodas, aunque compactas, habitaciones.
Si lleva ropa de Armani, vaya al Holly Hotel du Grand Sablon (2/4 Rue Bodenbroek; 800-221-2626), suntuoso hotel en una elegante plaza a muy poca distancia del Palacio Real, la Grand’ Place, y los principales museos.
(Fuente: Way to Go, The New York Times)
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14.10.2008. 00:00
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